Cosme Damián de Churruca y Elorza: El héroe de Trafalgar

Cosme Damián de Churruca

Un vizcaíno nacido para el honor


Cosme Damián de Churruca y Elorza nació el 27 de septiembre de 1761 en Mutriku (Guipúzcoa), en una familia noble y culta. Desde pequeño destacó por su brillantez intelectual y sentido del deber. Estudió matemáticas y náutica en el Seminario de Vergara, y más tarde en la Real Compañía de Guardias Marinas de Cádiz, donde se formaban los oficiales más brillantes de la Armada española.

No era solo marino: fue astrónomo, geógrafo, ingeniero y científico. Publicó trabajos sobre hidrografía, participó en expediciones cartográficas y llegó a dirigir la Academia de Pilotos de Cádiz. Su rigor técnico se combinaba con un sentido profundo de la responsabilidad, la disciplina y la patria.

Un científico con alma de guerrero


Churruca no solo destacó en la teoría. Su carrera en la Armada fue meteórica: participó en campañas contra Inglaterra y Francia, realizó expediciones científicas por las costas de América y África, y colaboró en la elaboración del Atlas Marítimo de España. Sus conocimientos eran tan amplios que incluso Napoleón, según se cuenta, lo admiraba por sus tratados náuticos.

En 1797 defendió con heroísmo la plaza de Santa Cruz de Tenerife frente a una escuadra inglesa comandada por el almirante Nelson. Años después, ya como capitán de navío, se le confió el mando del imponente navío San Juan Nepomuceno, de 74 cañones. Era una nave de respeto, y Churruca la convirtió en una auténtica fortaleza flotante, con una tripulación disciplinada y bien adiestrada.

Camino a la inmortalidad: la batalla de Trafalgar


El 21 de octubre de 1805 tuvo lugar una de las batallas navales más famosas de la historia: Trafalgar, frente a las costas del sur de Cádiz. La escuadra combinada franco-española, bajo el mando del almirante Villeneuve, se enfrentaba a la poderosa flota británica del almirante Nelson.

Desde la víspera, Churruca escribió una carta a su familia que refleja su temple: "No olvidéis que el honor es la primera de todas las consideraciones; voy a hacer lo que exige el honor, y si muero, moriré como un buen español."

Durante el combate, su San Juan Nepomuceno fue rodeado por hasta seis navíos británicos. El fuego enemigo era devastador, pero Churruca ordenó resistir hasta el final. Aun herido de muerte por una bala de cañón que le destrozó una pierna, prohibió rendirse. Según testigos, sus últimas palabras fueron: "¡Fuego! ¡Fuego hasta el último aliento!"

Solo cuando todos los oficiales fueron abatidos y la cubierta estaba cubierta de cadáveres, la tripulación (ya sin comandante) bajó la bandera. Los británicos, admirados por su resistencia, trataron con respeto al barco y a sus restos. En la Royal Navy se le consideró un ejemplo de valor sin igual.

Una muerte gloriosa, una memoria imperecedera


Los ingleses, impresionados por su heroísmo, enterraron a Churruca con honores militares. Su nombre fue inscrito en placas y memoriales incluso en el extranjero. En España, se convirtió en símbolo del deber cumplido. Cádiz, Ferrol, San Fernando y su natal Mutriku le dedicaron monumentos. Su nombre figura en buques, calles, escuelas y academias.

En 1821, las Cortes lo declararon Benemérito de la Patria en grado heroico. Fue, como Blas de Lezo, uno de esos marinos que demostraron que la gloria no está en la victoria, sino en el honor con que se combate.

Curiosidades


  • Premiado por la Academia de Ciencias de París: Su trabajo sobre la desviación de la brújula (declinación magnética) fue tan avanzado que fue premiado por la prestigiosa Academia de Ciencias francesa. Napoleón Bonaparte tenía conocimiento de su obra.

  • Una carta premonitoria: La víspera de Trafalgar escribió una carta a su familia despidiéndose. En ella decía: "Moriré en cumplimiento de mi deber. El San Juan Nepomuceno no se rendirá jamás." Lo cumplió literalmente: su navío fue el último en arriar bandera y solo lo hizo tras su muerte.

  • El navío que los británicos no quisieron destruir: Tras la batalla, los ingleses capturaron el San Juan Nepomuceno y lo llevaron a Gibraltar. Pero no lo desguazaron ni lo fundieron como otros barcos enemigos: lo conservaron como homenaje a la valentía de su comandante. Durante décadas, fue buque de respeto en la Royal Navy.

  • El navío más disciplinado de la Armada: El San Juan Nepomuceno, bajo su mando, era conocido como el barco más limpio, disciplinado y eficaz de toda la flota española. El propio Almirante Gravina le encomendó posiciones clave por su fiabilidad.

  • Sus restos nunca fueron recuperados: Churruca murió a bordo de su nave, y fue enterrado en el mar o en tierra enemiga. No se conserva tumba identificada. Sin embargo, en Mutriku, su ciudad natal, se le honra con un gran monumento neoclásico frente al mar.

  • Un héroe internacional: Aunque luchó contra los británicos, su nombre es recordado con respeto incluso por cronistas ingleses de la época. El almirante Collingwood, sucesor de Nelson, mencionó con admiración la resistencia del navío de Churruca.

Un ejemplo para siempre


Cosme Damián de Churruca fue mucho más que un oficial de la Armada: fue un científico humanista, un estratega meticuloso y un patriota sin fisuras. En una época de confusión política y alianzas forzadas, su figura brilló con luz propia.

Ni el estruendo de los cañones, ni las olas del Atlántico, ni la derrota final pudieron borrar su nombre de la historia. Su ejemplo sigue vivo cada vez que se habla de valor, de entrega y de honor en el mar.

Fuentes